Autor: Sealtiel Enciso Pérez
La invasión o guerra de ocupación que llevó a cabo el ejército de Estados Unidos de América en contra de México, se vivió de forma más o menos tranquila en Baja California Sur. En buena parte esta “tranquilidad” como se tomó, fue debido a que una la población, principalmente comerciantes y gente de acomodada posición económica, simpatizaban con la idea de que nuestro territorio pasara a formar parte del país invasor. Aunado a lo anterior una pobre y limitada comunicación con el centro del país y al interior de la media península, hacía casi imposible el que se supiera lo que estaba ocurriendo en lo tocante a este lamentable suceso.
Cuando las tropas estadounidenses llegaron a aguas territoriales de Sudcalifornia tomaron totalmente por sorpresa a sus habitantes y autoridades. Lo anterior debido a que se desconocía que el vecino país del norte y nuestra nación estaban en guerra. Es por ello que cuando el buque de la Marina estadounidense, el “U.S. Cyane” arriba a esta capital del territorio el 14 de septiembre de 1846, se le recibe si ninguna muestra de hostilidad de nuestra parte y se permite a su capitán desembarcar junto con la mayor parte de sus hombres. Es en ese preciso momento que el Capitán y comandante del contingente invasor, Robert F. Stockton, da a conocer a las autoridades que desde el 12 de mayo de ese mismo año se había declarado oficialmente la guerra entre ambas naciones.
El propósito de la presencia de este buque de guerra en nuestro Puerto paceño era el bloqueo de los puertos mexicanos del Noroeste. Con su llegada, de inmediato envía a sus tropas a que incauten los 9 barcos que se encontraban atracados en la bahía y así evitar que pudieran llevar la noticia de estas acciones en territorio nacional. En aquel entonces el jefe Político y Militar del territorio era Francisco Palacios Miranda, el cual ya desde 2 años antes había sido designado para el cargo. Según se relata en algunos escritos de la época, el Capitán Stockton amenazó con fusilar a Palacios Miranda si no se declaraba neutral ante la invasión de que estaba siendo objeto nuestro territorio; sin embargo la versión más aceptada es que el jefe Político motivado por la élite comerciante y aristocrática, de la cual él formaba parte, le solicitó asumir esta postura con miras a que en un futuro cercano la guerra fuera ganada por los estadounidenses y así quedar en una posición ventajosa para seguir haciendo dinero e incrementar sus propiedades.
Una vez declarada la neutralidad por parte del jefe político, el Gral Stockton partió rumbo a la ciudad de Los Ángeles, todavía territorio mexicano, para sofocar un levantamiento armado contra las huestes invasoras. Conforme pasaron los días el pueblo sudcaliforniano se enteró de la invasión de la que estaba siendo objeto nuestro territorio y de la actitud sumisa que tomó el Sr. Palacios Miranda. El 27 de noviembre de ese año, llega un comunicado oficial de la presidencia de México donde se notifica que nuestro país se encuentra en guerra con los Estados Unidos, y no teniendo más opción, debido al creciente rechazo que tenía su figura pública ante el pueblo que debería representar, el Gobernador Francisco Palacios ordena a los bajacalifornianos que se levanten en armas y repelan la invasión de la que estaban siendo objeto. Sin embargo este llamado llegaba demasiado tarde, las autoridades de los municipios mostraban un franco rechazo hacia él.
Es así como las autoridades y representantes populares de todas las regiones del territorio se organizan y ponen en funcionamiento la figura de la “Diputación territorial”, nombrando a Mauricio Castro, un valiente y sagaz cabeño, como el primer vocal. A su regreso al territorio, el Capitán Stockton encontró una férrea resistencia por parte de la sociedad civil, la cual se había armado y organizado por Mauricio Castro, de acuerdo a los limitados pertrechos con los que contaba. Lamentablemente la superioridad en armamento y adiestramiento por parte del ejército invasor logró que para el 13 de abril de 1847 los principales puertos de nuestro territorio estuvieran bajo su poder: La Paz, San José del Cabo y Cabo San Lucas.
Una vez que se logró sofocar en su mayor parte los levantamientos contra la invasión yankee, lo anterior nunca se logró en su totalidad debido al espíritu aguerrido y combativo de los sudcalifornianos los cuales en pequeños grupos realizaban ataques en “guerrillas” causando un verdadero dolor de cabeza al ejército yankee el cual no podía desmantelarlos por carecer de un adecuado conocimiento de la geografía sudcaliforniana, cosa en la que le llevaban mucha ventaja nuestros patriotas. El siguiente paso asumido por el ejército invasor fue el solicitar a Palacios Miranda, como jefe político y militar “oficial”, que firmara un documento en donde se rendía ante el gobierno de los Estados Unidos de América a cambio de respetar la vida y propiedades de aquellos mexicanos que no ofrecieran resistencia ante la invasión. Los comerciantes y aristócratas de inmediato instaron a Francisco Palacios para que firmara el documento ya que preveían que de hacerlo, se les regresarían sus propiedades incautadas al inicio del conflicto así como los barcos de su propiedad que permanecían anclados en la bahía. Sin embargo, una vez que se firmó el documento por el Gobernador, no se les regresó aquello que ya se les había incautado.
Al finalizar el conflicto armado (invasión), nuestra nación había sido despojada de forma artera e injusta de más de la mutad del territorio que poseía. El último reducto en ser abandonado por el ejército yankee en México fue la península de Baja California hasta finales de 1848. Más de 300 familias que abiertamente habían ayudado al ejército yankee durante el tiempo que permanecieron en nuestro territorio, temiendo ser atacados por la población, pidieron ayuda al Gobierno de Estados Unidos de América para exiliarse, entre ellos iba el depuesto gobernador Francisco Palacios Miranda. Los barcos yankees que habían participado en la ocupación los trasladaron hacia su país, cerrando con ello una de las etapas más tristes de la joven nación mexicana.
Francisco Palacios Miranda murió en el exilio, sus propiedades en Baja California fueron incautadas. Nadie recuerda ya su nombre, sin embargo aún resuena los de José Antonio Mijares, Mauricio Castro, Manuel Márquez de León, Ildefonso Cipriano Green Ceseña y muchos más, que con su valor, y algunos con su vida misma, supieron defender aquello que en derecho nos corresponde que es nuestra Patria y nuestra Libertad.
Bibliografía:
Revisión de algunos acontecimientos históricos de la Baja California 1829 – 1866 – Iván Alonso Patrón Aguilar
Richard W. Amero, The Mexican-American War in Baja California, The Journal of San Diego History, SAN DIEGO HISTORICAL SOCIETY QUARTERLY, Winter 1984, Volume 30, Number 1.
Hubert Howe Bancroft, History of the North Mexican States and Texas, Vol. XVI (McGraw-Hill Book Company, New York, 1889), p. 712n.
https://en.wikipedia.org




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