Autor: Sealtiel Enciso Pérez
Es interesante cómo en cada parte del mundo, en que tuvo influencia la religión católica, se trajo el festejo de la famosa “noche buena” y que con el paso del tiempo se denominó como “Navidad” (derivado de la palabra “Natividad”). Aunado a lo anterior, los comerciantes ávidos de obtener ganancias por cualquier medio, introdujeron al famoso personaje de “Santa Claus” (el cual para efectos de este escrito y adaptándolo a la forma en que se “decía” en esta ciudad de La Paz, lo mencionaré como “Santoclos”) el cual era el encargado de traer los juguetes a los niños y niñas de la ciudad en esa fecha tan importante.
En este puerto de La Paz, en los años cincuentas y sesentas, que es donde circunscribiré este relato, los niños eran constantemente amagados, cuando se estaban portando mal o simplemente desobedecían a sus padres, con la frase “no te va a traer nada santoclos si te portas mal”. Esta frase, cual si fuera un hechizo, era lanzada por los padres y de inmediato cesaba la conducta que los padres deseaban eliminar: que los niños pelearan, hicieran la tarea, fueran a hacer un mandado, se bañaran, etcétera. Era una época de inocencia y candidez, que dista muchísimo de lo que ocurre en la actualidad, y en donde los niños e incluso algunos adultos creían en este personaje y sus prodigiosas capacidades.
En esos años a Santoclos lo describían como un señor de avanzada edad, por lo menos de unos 70 años, regordete, blanco y muy chapeteado. De risa profunda y estrafalaria el cual invariablemente vestía un abrigo y pantalón rojo así como un cinto y botas negras. Invariablemente su cara era enmarcada por una barba y cabellos totalmente canos. Este santoclos, se decía que vivía en una casona la cual se ubicaba en el polo norte (ni preguntar a los niños de ese lugar porque nadie sabía dónde quedaba). Por lo general se decía a los niños que “santoclos” escribía en un cuaderno las cosas bunas y malas que hacían y que si eran más las malas entonces no visitaba su casa en la “noche buena” y por lo tanto a la mañana siguiente los niños no encontraban regalos.
En ocasiones, los niños más grandes, cuestionaban “el cuento de santoclos” que lanzaban los padres, preguntando: ¿Por dónde entra santoclos a la casa si no tiene chimenea?, ¿Quién hace los regalos que trae santoclos? ¿Cómo carga los regalos santoclos hasta cada una de las casas?, y un largo etcétera. Sin embargo la respuesta era categórica o incuestionable: “Porque sí y él sabe lo que hace y si sigues de preguntó te vas a quedar sin regalos”. Con esta información era suficiente para no volver a tocar el tema por varios meses.
El día siguiente a navidad, esto es el 25 de diciembre, los regalos que les “amanecían” era ´por lo general una bolsa de papel y en su interior contenía dulces, frutas y a veces chocolates. Los juguetes eran soldaditos de plomo y carritos de madera los cuales eran elaborados de forma artesanal por algún carpintero (era famosa la señora de apodo “Pita” que tenía una carpintería a la cual acudían los padres en busca de estos regalos). Para las niñas les amanecía muñecas de trapo a las cuales por lo general se les dibujaban los ojos, boca y nariz; pero había algunas, las caras en la que la cabeza era de porcelana o por lo menos los ojos.
Con el paso de los años, en los sesentas, y con la introducción del famoso polímero de alto peso molecular (conocido coloquialmente como plástico) se empezaron a fabricar muñecas y carritos con este material. Las primeras muñecas que llegaron a La Paz, y las más accesibles por su precio, eran rígidas y venía pintada la ropa y las facciones de la cara. Los carritos eran huecos por dentro y aunque las llantas sí giraban por lo general se desprendían fácilmente. Pero para los niños de aquel entonces era un deleite y de inmediato pedíamos permiso para ir a mostrar nuestros juguetes a los vecinos y se armaban los equipos de juego aquí y allá.
Aquí en La Paz fue famosa una tienda a la cual le llamaron “El cuartel general de Santoclos” en donde los padres e incluso los niños llegaban a depositar sus cartas en las que mencionaban a este personaje barbón y con sobrepeso, lo bien que se habían portado y la lista de juguetes de los que, según ellos, se habían hecho acreedores.
Tiempos ya idos pero muy hermosos e inocentes. En la actualidad pocos son los padres que cuentan a sus hijos la existencia de santoclos y por lo general sólo les dicen que “se porten bien o no habrá regalo para navidad”. Una practicidad demasiado postmoderna.



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