viernes, 16 de agosto de 2019

ESTUDIOS SOBRE EL HABLA DE LOS CALIFORNIOS




Autor: Sealtiel Enciso Pérez

El desarrollo cultural de un pueblo tiene sus inicios principalmente en el uso de un sistema de comunicación ya sea escrito, con señas, con vocablos, etc. En el caso de los grupos humanos que habitaron la California, todos ellos poseían una forma de comunicación eminentemente oral la cual estaba diversificada dependiendo del grupo o ranchería a la que pertenecían.

Con la llegada de los primeros colonos a las tierras Californianas se inició un intercambio con los grupos indígenas. Al principio esos intercambios se sustentaban en señas y palabras aisladas que indígenas y colonos conocían de sus lenguas, sin embargo con la llegada de los misioneros jesuitas este estudio filológico se hizo de una manera más sistemática. Algunos de los ignacianos que llevaron a cabo estas investigaciones y que nos las legaron para la posteridad en diversos documentos fueron: Francisco María Píccolo, Segismundo Taraval, Nicolás Tamaral, Clemente Guillén, Benno Ducrue, Miguel del Barco, Juan Jacobo Baegert, Miguel Venegas, Francisco Javier Clavijero, Eusebio Francisco Kino, Juan María de Salvatierra, Wenceslao Link, Fernando Consag y Victoriano Arnés.



Es importante aclarar que muchos de los documentos redactados por los misioneros ya mencionados son escritos aislados, algunos de ellos palabras traducidas al español sin un orden determinado e incluso rezos de la liturgia católica que se tradujeron a las lenguas indígenas pero sin que existiera una transcripción fonética. Buen trabajo harían los historiadores que hurgan en las entrañas de la antigua California en procurar los diversos documentos que aún no se encuentran pero de los que se han realizado referencias y que contienen traducciones de las lenguas de los indígenas californios al español, tales son: el catecismo en lengua pericú escrito por el padre Nicolás Tamaral; el vocabulario en la lengua indígena de la región de San Bruno escrito por el padre Juan Bautista Copart y utilizado por el padre Juan María de Salvatierra en su primera entrada a la península; la gramática en lengua cochimí y una doctrina en la misma lengua escritas por el padre Everardo Helen; así como los escritos reunidos durante quince años por el padre Franz B. Ducrue, los que le fueron confiscados en La Habana, Cuba. Si estos documentos fueran localizados arrojarían una gran luz sobre el punto en comento.



Pero regresando a los estudios de las lenguas que hicieron los jesuitas, podemos encontrar una diversidad de conceptualizaciones. El sacerdote Baegert consideró que existían 6 tipos de lenguas, Taraval señaló que sólo 3 y finalmente Del Barco concluye que son sólo 3 las cuales las agrupa en Cochimí, Guaycura y Pericú. El investigador William C. Massey menciona que la lengua Cochimí de nuestra península era de origen yumano y se dividía en borjeño, ignacieño, cadegomeño, laymón y monquí-didiu. Algo que es muy importante precisar es lo que dejó acotado el sacerdote Franz Benno Ducrue en sus escritos sobre las lenguas de los indígenas de las Californias y es que cada uno de los sacerdotes que se aventuraron a hacer un registro de los vocablos indígenas lo hizo basado en un estilo de escritura y significados sustentados en su lengua materna, y a pesar de que trataron de hacerlo lo más objetivamente posible se obtuvo una diversidad de “formas de decir” los vocablos.



El origen de los Misioneros que llegaron a la California fue muy diverso, entre ellos había algunos nacidos en la Nueva España, españoles, croatas, alemanes, italianos, etc. Con lo anterior podemos entender las variantes en cuanto a la forma en que cada uno escribía, hablaba y entendía la lengua de los grupos indígenas con los que se comunicaba. Ejemplos de lo anterior son: Lambert Hostell escribió waicuro, waicura e iká mientras que Juan Jacobo Baegert escribió estas palabras como  waikuri, waicuri e ikas. El sacerdote Lambert Hostell escribió Chiriyakí y Clemente Guillén anotó Chirigaguí. Ignacio María Nápoli anotó la palabra huaicura y Miguel del Barco la escribió como Guaycura. Incluso entre sacerdotes que eran hablantes de una misma lengua, la forma en la cual escribieron los vocablos que escuchaban a los indígenas tenía sus diferencias, por ejemplo aquí está el caso de Clavijero el cual anotaba las siguientes palabras de la esta manera: Anajicojondi, Niparajá, Cuajaip, Comanají, Guamongo, Gujiaqui, Hualimea; y el sacerdote Venegas las escribió así: Anayicoyondi, Niparaya, Quaayayp, Comanayí, Gomongo, Guyiagui, Walimea.



En conclusión podemos decir que es necesario continuar realizando más investigaciones de los vocablos indígenas para poder tener una mayor certeza en este aspecto ya que la mayoría de los estudios se basan en los pocos escritos que se han encontrado pero carecen de profundidad y una mejor amplitud para comprender la riqueza de la lengua de los grupos indígenas Californianos.



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